La crisis de las hipotecas que sacudió Estados Unidos en2007 ha puesto en un grave aprieto a la economía global, que, a principios de 2010 salía a duras penas de la recesión. La pésima gestión de algunos bancos estadounidenses, que aprovecharon la bajada de los tipos de interés para conceder créditos baratos e invertir en valores inmobiliarios con un alto riesgo, terminó por afectar, a través de la red financiera, la economía de los cinco continentes. La globalización del mercado financiero provocó una oleada de pérdidas en los bancos de todo el mundo, que se vieron arrastrados por las malas prácticas del neoliberalismo estadounidense, y obligaron a las autoridades monetarias a tomar medidas extraordinarias para evitar el colapso de la economía internacional.

HIPOTECAS BASURA

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Las raíces de la crisis económica iniciada en 2008, y cuyos efectos todavía se sentían en 2010, se encuentran en la concesión generalizada de hipotecas de alto riesgo que ya llevaron al desplome de la bolsa estadounidense a finales de 2007. En aquel momento el miedo se instaló en los mercados de Estados Unidos, debido sobre todo a la política financiera de algunos bancos que se habían excedido en la concesión de hipotecas subprime. Estos créditos hipotecarios, también conocidos como “hipotecas basura”, son aquellos que provocan un alto endeudamiento a las personas que las demandan. Se consideran hipotecas subprime aquellas que se conceden a individuos a los que la banca convencional no otorgaría préstamos, porque carecen de un trabajo estable, apenas han comenzado su vida laboral o, bien, porque no cuentan con ingresos recurrentes.
En tiempos de bonanza económica, el pago de las cuotas mensuales es un gasto asumible para estos trabajadores, pero la situación puede complicarse cuando los tipos de interés suben o la economía entra en recesión. Las hipotecas subprime conllevan un alto riesgo, pues un pequeño bajón del crecimiento de la economía o un aumento del precio de los productos básicos (alimentación, carburantes, vestido, etc.) puede traducirse en graves problemas para pagar las cuotas. Esto fue precisamente lo que ocurrió a finales de 2007. El aumento de los precios endeudó a las familias, lo que conllevó un aumento de la morosidad de las que no disponían de ahorros para afrontar la cesta de la compra y la hipoteca al mismo tiempo.
Esta situación no solo supuso un problema para el ciudadano que había solicitado un crédito, sino también para la entidad financiera que se lo había concedido a costa de correr un alto riesgo de impago. Para minimizar sus riesgos, los bancos decidieron hacer paquetes de hipotecas y los vendieron a otras entidades estadounidenses, que a su vez los revendieron a otros bancos europeos. Así, un problema que solo afectaba al mercado estadounidense se extendió por todo el mundo a través de la red financiera internacional.


LA BANCA TIEMBLA
0000014519.jpgLa compañía Lehman Brothers, el cuarto banco estadounidense, se declaró en quiebra el 15 de septiembre de 2008, después de 158 años de actividad en los que incluso llegó a salir airosa del crack de 1929. Tenía pérdidas de 7.800 millones de dólares (5.500 millones de euros) y no podía afrontarlas. En toda su historia este gigante estadounidense había sobrevivido a guerras, desplomes bursátiles y crisis económicas a escala mundial. Sin embargo, no pudo superar la crisis de las hipotecas que desde finales de 2007 había sacudido el mercado inmobiliario de Estados Unidos y que, en una situación sin precedentes, había obligado al Gobierno de Bush a intervenir para salvar de la quiebra a la entidad hipotecaria Bear Stearns a principios de 2008.
La bancarrota de Lehman Brothers llegó tras el fracaso de las negociaciones con dos posibles compradores, Bank of America y el grupo británico Barclays, quienes desecharon en el último momento la posibilidad de hacerse con el banco debido al alto riesgo que suponía asumir una compra de este tipo en un momento de inestabilidad financiera en todo el mundo. Además, Bank of America ya había acordado la compra por 44.000 millones de dólares (31.000 millones de euros) de Merrill Lynch, una entidad financiera mucho mayor que también atravesaba dificultades. Esta compra era otro reflejo de la profunda crisis que atravesaba el sector.
La Reserva Federalestadounidense (FED) se negó a ayudar a Lehman Brothers, pues la semana anterior ya había auxiliado a dos entidades hipotecarias, Fannie Mae y Freddie Mac. Si le ayudaba económicamente podía desencadenar un efecto dominó que provocara que otras entidades financieras, o incluso de otros sectores con problemas como el de la industria automovilística, comenzaran a pedirle ayuda. El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Henry Paulson, recordó el principio del liberalismo económico por el que el Gobierno no debe intervenir directamente en la economía, que recae en la iniciativa privada, y exigió una solución que no implicara la intervención del Estado.La FEDrecordó que tanto Fannie Mae como Freddie Mac eran entidades semipúblicas, por lo que su intervención entraba dentro de sus competencias, pero en el caso de Lehman Brothers la titularidad, y por tanto la responsabilidad, recaía totalmente en manos de sus inversores.
Lehman Brothers optó entonces por acogerse al capítulo 11 del código de bancarrota de Estados Unidos, que permite a una empresa declararse en quiebra comercial para reorganizar su actividad mientras divide sus bienes y activos entre los acreedores. La bancarrota, forzada por la no intervención del Gobierno, hundió los mercados bursátiles de todo el mundo el 15 de septiembre, en un batacazo colectivo que hizo temblar las bases del sistema financiero global. En Wall Street el índice Dow Jones cerró con pérdidas de un 4,4%. El Ibex 35 dela Bolsade Madrid perdió un 4,5% y el Euro Stoxx 50, un 3,87%.

LA FED SEDESDICE
Según todos los analistas, tras la quiebra de Lehman Brothers la siguiente víctima debía de ser la aseguradora American International Group (AIG), cuya cotización en Wall Street había caído en dos días un 68,4%. La advertencia del gobernador del estado de Nueva York, David Paterson, hizo saltar las alarmas: si nadie la auxiliaba, AIG quebraría en 24 horas y arrastraría en su caída a las grandes inmobiliarias del país. Por si fuera poco, otra entidad estadounidense, Merril Lynch, anunciaba que se encontraba al borde de la bancarrota.
Ante la alerta, poco tardó el Gobierno de Bush en contradecirse a sí mismo. Así, dos días después de negarse a auxiliar a Lehman Brothers, se vio obligado a intervenir en AIG, de nuevo una empresa privada al borde de la quiebra. Esta vez el Gobierno actuó a lo grande.La FEDconcedió a la aseguradora privada el mayor crédito de su historia: 85.000 millones de dólares (casi 60.000 millones de euros). La decisión estaba justificada. En 2008, AIG era la mayor aseguradora del mundo, contaba con 116.000 empleados y 1,06 billones de dólares en activos, pero en apenas seis meses había perdido 18.000 millones de dólares (12.700 millones de euros, más del 90% de su valor en la bolsa). Su hundimiento habría desestabilizado el mercado inmobiliario estadounidense y habría aumentado la crisis en el sistema económico de todo el planeta. El Gobierno de Estados Unidos concedió el préstamo a condición de controlar el 80% de los activos de la compañía. Por su parte, AIG se comprometió a devolver el crédito en dos años.

EL EFECTO DOMINÓ
Cuando el gigante capitalista se tambalea, incluso los países que tradicionalmente han seguido otro sistema económico sufren las consecuencias. Tal fue el caso de Rusia que, días después de la quiebra de Lehman Brothers, vio temblar a los tres mayores bancos del país mientras sus bolsas se desplomaban y el precio del petróleo caía. Durante tres días consecutivos Gazprombank, Sberbank y VTB, las tres grandes entidades del país, agotaron la liquidez del Banco Central ruso. El Gobierno de Vladimir Putin inyectó entonces 1,12 billones de rublos (31.670 millones de euros) para garantizar su liquidez. Debido a los problemas rusos, las bolsas asiáticas también sufrieron el revés económico, con pérdidas superiores al 7%. La alerta llegó también a países como Japón.
Esta situación crítica obligó a los principales bancos centrales del mundo a intervenir de forma individual. Entrela FED, el BCE, el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón se inyectó en el mercado global un total de 180.000 millones de dólares (cerca de 126.800 millones de euros). Según anunciaron estos bancos en un comunicado oficial, esta medida estaba destinada a fomentar el optimismo en las bolsas de todo el planeta y mejorar las condiciones de liquidez en los mercados financieros mundiales.

TIRAR DINERO DESDE UN HELICÓPTERO
En medio de la alarma generalizada, Estados Unidos tomó una medida sin precedentes que implicaba la intervención directa del Gobierno en la economía para paliar la crisis. En septiembre de 2008, el gobierno de Bush anunció la utilización de un fondo de 700.000 millones de dólares (unos 493.000 euros) para rescatar la economía estadounidense. Originalmente, dichos fondos debían servir para comprar activos hipotecarios en manos de entidades bancarias. Sin embargo, dos meses después, las autoridades cambiaron de criterio y optaron porque el Estado entrase en el accionariado de los bancos –lo que en la práctica equivalía a una seminacionalización– e inyectase fondos en el sector automovilístico.
0000014522.jpgBush, aseguró que la intervención pública en los mercados no solo estaba justificada, sino que era “imprescindible” para evitar mayores daños en la economía. "Debemos actuar para proteger la salud económica de nuestra nación", justificó Bush respaldado por Henry Paulson; el presidente dela FED, Ben Bernanke, y el presidente dela Comisióndel Mercado de Valores, Chris Cox. La operación fue muy criticada, pues suponía solventar con dinero público los errores cometidos por la banca privada.
Ante la gravedad de la crisis, las autoridades monetarias de las mayores economías del planeta decidieron tomar medidas adicionales. Una de ellas fue el abaratamiento del dinero. Si hasta mediados de 2008, el temor a brotes inflacionistas había obligado a particulares y empresas a soportar unos tipos de interés altos, en la segunda mitad del año y a lo largo de 2009, los principales bancos centrales impulsaron agresivas rebajas en el precio del dinero. Entre octubre de 2008 y mayo de 2009, el BCE fue reduciendo los tipos de interés de forma gradual para llevarlos del 4,25% al 1,00%, el porcentaje más bajo desde el nacimiento del euro.La FEDllegó incluso más lejos y optó por situar la tasa de interés en un rango situado entre el cero y el 0,25%, lo que representaba una decisión sin precedentes. El objetivo era evidente: se trataba de aligerar la carga de deuda de empresas y familias.
Junto con las bajadas de tipos, las autoridades monetarias utilizaron otras medidas radicales para combatir la recesión. El gobierno estadounidense invirtió parte de sus fondos en la compra masiva de deuda pública, mientras que el BCE se lanzó a adquirir cédulas hipotecarias (activos respaldados por hipotecas). Con estas acciones se buscaba inyectar dinero en la banca privada para que esta, a su vez, se animara a otorgar créditos. En contra de la política adoptada hasta mediados de 2008, los bancos centrales optaron por la abundante liquidez y por bajos tipos de interés, lo que, en la práctica, suponía inundar el mercado de dinero y ofrecerlo a un precio muy barato. Para algunos analistas era casi como si los directores de los bancos centrales se hubieran subido a un helicóptero para lanzar dinero a la multitud que se apiñaba desesperada por debajo suyo.
La finalidad de estas medidas estaba clara: si se inyectaba liquidez a los bancos, estos se animarían a prestar dinero y lo harían cobrando tipos de interés bajos. Además, si endeudarse resultaba barato, las empresas gastarían dinero para desarrollar sus proyectos y mejorar sus equipos y los particulares se animarían a comprar bienes de consumo, como automóviles, electrodomésticos y ordenadores, entre otras cosas. En definitiva, se trataba de estimular la inversión y el consumo para frenar el deterioro de la economía.

EL RETORNO DE KEYNES
0000014521.jpgLa crisis económica trajo consigo un abandono de las políticas neoliberales vigentes desde la década de 1970. Si en el cambio de siglo, los principales organismos financieros internacionales, con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) al frente, propugnaban la no intervención del Estado en los asuntos económicos con el argumento de que los mercados podían regularse de forma natural, el año 2009 presenció el retorno del dinero público como herramienta de crecimiento. Los gobiernos de todo el mundo –desde Estados Unidos hasta China, pasando por España, Francia y Reino Unido– impulsaron ambiciosos programas de obras públicas y subvencionaron sectores económicos considerados clave, en un intento por frenar la sangría de puestos de trabajo.
Es posible explicar de manera esquemática la lógica que subyace tras los planes públicos de estímulo. El Estado impulsa proyectos de infraestructuras financiados con dinero público. Ello permite generar empleo, lo que redunda en un incremento de adquisición de bienes y servicios por parte de los asalariados. El aumento del consumo otorga, a su vez, beneficios a las empresas, que pagarán impuestos con los que el Gobierno podrá mantener su ritmo de inversión pública. Se trata de un círculo virtuoso que, gracias a la acción del Estado, impulsa el desarrollo y genera crecimiento económico.
En el fondo, esta manera de proceder representa una reivindicación de la figura de John Maynard Keynes (1863-1944), cuyas propuestas permitieron a Estados Unidos salir de la depresión de 1929. En las últimas décadas del siglo XX, el economista británico había sido denostado por teóricos como el estadounidense Milton Friedman y el austriaco Friedrich von Hayek, cuyas teorías favorables a la desregulación financiera habían marcado el pensamiento económico de las últimas décadas. Sin embargo, el consenso generado alrededor de la necesidad de utilizar dinero público para salir de la crisis daba la razón a los defensores del papel del Estado como regulador de la economía y ponía en entredicho a quienes ensalzaban el liberalismo a ultranza.

¿BROTES VERDES?
Aunque a principios de 2010 el crecimiento era muy tímido en la mayoría de los países industrializados, no pocos expertos se aprestaron a afirmar que los peores meses de la crisis ya habían pasado y que la economía mundial iba camino de la normalización. Personalidades como Dominique Strauss-Kahn, director gerente del FMI; Ángel Gurría, secretario general dela OCDE; Jean-Claude Trichet, presidente del BCE, y Ben Bernanke, entre otras, comenzaron a ofrecer datos que permitían augurar una recuperación moderada, pero sostenida: eran los llamados “brotes verdes” que parecían anunciar el fin del frío invierno de la recesión.

LA CRISIS DELA EUROZONA
El excesivo déficit y la deuda pública pueden resultar tan peligrosos para la economía como el endeudamiento privado. Así lo demuestra el caso de Grecia, país que, a principios de 2010, se vio en serios aprietos para mantener a flote su economía, tras alcanzar un déficit fiscal del 12,7% y acumular una deuda que ascendía al 125% de su PIB. Los temores a que Atenas fuese incapaz de hacer frente a los 21.000 millones de euros de amortizaciones de deuda que debía pagar entre abril y mayo hicieron saltar las alarmas enla Unión Europea.En febrero, el peligro de que Grecia cayese en bancarrota, arrastrando en su caída a otros países en dificultades, como España, Irlanda y Portugal, provocó bajadas generalizadas en los mercados financieros y debilitó al euro frente al dólar.
La amenaza de quiebra de Grecia pareció disiparse el 11 de febrero de 2010, cuando Herman Van Rompuy, presidente permanente del Consejo Europeo, anunció quela Europade los 27 acudiría al rescate del país en caso de que fuera necesario. El gobierno de Atenas pudo respirar tranquilo al ver cómo el respaldo de sus socios ayudaba a disipar las dudas sobre la salud de su economía. Sin embargo, alto era el precio que debía pagar por el apoyo recibido:la Unión Europeasometió a Grecia a un durísimo plan de ajuste, diseñado con el objetivo de reducir el déficit público del país al 8,7% en un año y al 2,8% en 2012.A lo largo de 2010 y 2011, lejos ya de las políticas keynesianas, la mayoría de los gobiernos europeos apostaron por las políticas de austeridad y de severos recortes en el gasto público, con la finalidad de mitigar el endeudamiento y frenar la subida de los tipos de interés de la deuda y los ataques especulativos en los mercados financieros. Además, los rescates financieros dela Unión Europea(UE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) continuaron.
En noviembre de 2010, ante la grave crisis de su sistema bancario y el elevado coste de la deuda pública, Irlanda solicitó el rescate financiero dela UEy el FMI. En abril de 2011, fue el gobierno portugués el que pidió ayuda financiera a sus socios europeos, otra vez condicionada a un duro plan de ajustes y reformas. En septiembre de 2011, Grecia se encontraba de nuevo al borde de la suspensión de pagos.
El rescate a estos tres países no ha conseguido resolver la crisis de la deuda soberana en Europa ni acabar con la desconfianza de los inversores. Para muchos analistas, la posibilidad de que la crisis se agrave en países de mayor peso económico como España e Italia, unida a la falta de expectativas de crecimiento, supone la mayor amenaza parala Eurozona. Y, dada la interrelación entre las distintas economías, un agravamiento de la crisis en Europa podría causar daños importantes en la economía mundial.
El camino de la recuperación económica está lleno de obstáculos. Aún nos esperan meses, si no años, de duros ajustes, antes de que la economía mundial crezca tal como lo hizo en los primeros años del siglo XXI. Los más optimistas consideran que, dejando al margen a los países emergentes –cuyas perspectivas son, en general, alentadoras– la economía mundial crecerá con languidez. Los más pesimistas piensan que el comercio y las finanzas sufrirán una nueva recaída, lo que nos conducirá de forma inevitable a una nueva recesión. Por desgracia, la codicia y los afanes especulativos de unos pocos están obligando a la mayoría de la población del planeta a sufrir los efectos de la peor crisis económica desdela Segunda GuerraMundial.Fuente: Enciclopedia Planeta Saber.Volver a Economía